miércoles, 1 de mayo de 2013

Lo que siente Maduro...

Todas estas imágenes en mi cabeza se repiten una y otra vez. Me sorprendo a mi misma teniendo que ir al baño a llorar porque comienzo a sentirme desbordada, asfixiada. Pasa todo una y otra vez en mi mente y no puedo detenerlo. No sé, debe ser que así pensamos las mujeres, haciendo listas, visualizándolo todo. Lo más difícil no es eso, son las emociones que acompañan cada imagen, como si viniesen en combo, un 2x1 de hecho-emoción, noticia-sentimiento. Y así va mi mente: Maduro en el poder- furia, soldados torturando estudiantes- frustración, María Corina golpeada- rabia, Voluntad Popular acusado- impotencia, mis amigos perseguidos y encarcelados- miedo.

Todo pasa sin filtros y al mismo tiempo me pregunto cómo llegamos hasta acá. En qué momento pasó. En qué momento nos hicieron creer que no nos merecíamos más, en qué momento los venezolanos nos olvidamos de nuestra grandeza. Nos conformamos con las migajas que todos estos gobiernos nos han hecho creer que debemos agradecer porque las tenemos gracias a ellos. Nos sentamos a depender. A hacernos a un lado e ignorar.

Entonces todo lo que siento puedo resumirlo en dolor. Ese es el sentimiento que me invade. Dolor porque todo esto es demasiado oscuro, demasiado humillante, demasiado extremo.

Me pregunto entonces, cómo se sienten ellos. Qué sienten del otro lado, qué se siente tener el poder y usarlo sólo para destruir, para amenazar y violentar. Qué se siente haberle arrebatado a las personas sus derechos. Qué se siente saber, SABER que todo lo que está pasando está firmado y decretado por ellos, manchado con sus tinta y sangre.

Hay una sola cosa que me tranquiliza, se convierte en fuerza inquebrantable para mí. No sé si se sienten responsables o no, no sé si sienten miedo o no. Lo que sí sé, con toda la certeza del mundo, es que ya no pueden sentir paz, que no pueden dormir. Que no hay espacio en ellos para luchar por causas que nosotros, que yo, amo con toda mi existencia: la libertad, la certeza absoluta de que podemos convertirnos en un país en el que todos nos sintamos posibles, con todas las oportunidades para crecer, realizarnos, construirnos, reinventarnos. Eso sólo se puede sentir cuando a pesar de todo el dolor, de la rabia y la indignación, tu corazón se inflama de esperanza, de paciencia, de la fuerza que sólo viene de la grandeza de espíritu, de parecerte insoportable el dolor del otro.

Y así pasa, así se siente.
El país de la oscuridad
El corazón listo para vencer las sombras con toda su luz.

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Volví. De repente escribir se volvió igual de necesario que respirar...
¡bienvenidos!